miércoles, 8 de junio de 2016

APUNTES DE LA EMOCIÓN.UNA REFLEXIÓN ANTE EL LIBRO, SOLITARIA ROSA DE TU ALIENTO.


               Hace tiempo que tengo este nuevo poemario de Antonio Pacheco, poeta y hombre entero donde los haya. Nuevo tertuliano de Página 72 a quien tuvimos el honor de acompañar cuando presentó este libro titulado Solitaria Rosa de Tu Aliento, editado por Punto Rojo.

Solitaria Rosa de Tu Aliento

               Al mirar el título de portada, Solitaria rosa de tu aliento;  y los de cabecera de cada uno de los capítulos, Tesoro oculto mío y Otoño enajenado, se advierte que estos versos-títulos  pertenecen al soneto de La dulce queja de García Lorca. Estos, fuera de esteticismos vanos, son el contexto perfecto para los versos de nuestro poeta. 

               El libro tiene 32 poemas en la primera parte y 43 en la segunda. Todos ellos escritos en versos libres y blancos, un continente que también albergan estrofas cargadas de intimismo amatorio y, diría que, algunos de ellos, rozan lo místico. Por místico entiendo ese transcender del alma a otros espacios intangibles.

               En la primera parte, Tesoro oculto mío, los poemas se suceden en una cascada de adverbios iniciales y de verbos en acción que nos llevan a apreciar la sensibilidad de Antonio Pacheco. Un dialogo con el tú poético donde el yo literario se muestra inquieto por alcanzar las metas desde el umbral solemne de los sentidos. Es en este tramo donde el contexto de la naturaleza armoniza y empuja al amor inalcanzable que nos retrotraen a los paisajes místicos del cántico de Juan de la Cruz.

               La construcción de las estrofas, de esta parte  se hace en una realidad puramente existencial como lo expresa ese “para vivir/ te he vivido” donde los versos denotan un  trasiego pasional. Y aquí, se da la terrible huida del amado para luego aparecer “en la sombra/ y en las ausencia”.  El tono misterioso del tú nubla los sentidos de ese  yo poético que dice no encontrar “el mar /ni la orilla”.  A pesar de todo el yo descubre que esa ausencia no es estéril porque “CRECIERON/ espigas.”  La realidad se hace patente. En esta mismo poema los versos terminan con la paradoja del todo y la nada, con la expresión  “Toda la cosecha/ cabe en tus manos”.

               Por otro lado, el tono metafísico de esta primera parte se acentúa con el signo de lo temporal en una estrofa donde aparece la acción en presente: “BESO el enigma indescifrable/ del tiempo que declinan tus parpados.”-dice- el yo poético. El recurso de lo misterioso hasta para exponer  las dudas, estas que se saborean en la soledad “ante el vértice afilado de tu nombre en tinieblas.” En este marco el yo literario declara la acción de ese tú que es capaz de mirar los ojos “buscando el límite del frío.” Este frío encontrará más adelante expresiones sinónimas como la de “las nieves/ del abismo” un espacio perfecto para evocar el incendio. Curioso paisaje este que ordena un  “INCENDIAME/  en las nieves/ del abismo. /   Que mis cenizas/ se enfríen/   en tu olvido”, marcando la paradoja de lo imposible.

               La segunda parte, Otoño enajenado, subrayara el hecho mismo de la existencia, unas veces  rota en el decir de “DEMASIADAS pérdidas…cicatrices” que termina anotando unos versos terribles, como estos en lo que se subraya el hecho de habitar “en el propio destierro”. Esas existencias, cuya distancia se ignoran con tonos mitológicos con la evidencia de un Saturno devorador.  Una existencia que es “como un  árbol/ cuyas raíces / fueron sembradas en mi infancia”, y que encuentra semejanzas en el tú “con un paisaje de bruma adivinado/sobre el tedio sepia de las cartulinas”.

               Y en este marco del existir, aparece otra vez, el olvido en el que el yo dice dejar al tú poético, “sin icono alguno/en el centro de mi cualidad/ tan impura. Tan perfecta.” Y junto al olvido, el RECUERDO, ese de la “agonía en las remotas esperanzas” donde el poeta parece apuntar a situaciones dolorosas de la separación. Magníficos los versos que parecen apuntar a un hecho doloroso en el que se denuncia, al mismo tiempo,  lo injusto de la situación: “Recuerdo la impotencia/ y la rabia audaz de las madres/ ante la cruel / metáfora del silencio/      pulcramente doblado en las maletas”.  La rabia traducida en ejemplar silencio como expresión de la dignidad. En este sentido, de explanar situaciones concretas, aparecen unos versos que hablan de un ocultar “el dolor en los armarios/   entre sombras/ final de temporada.”

               En esta segunda parte hay una pretensión, la del poeta, de descender a situaciones concretas, como las de la muerte que hace decir al yo poético, “DELANTE de mis sobornadas certezas/desfila/ mi triste funeral”. Y así, entre versos llenos de nostalgia se llega a una declaración de la propia realidad: “A pesar de la acusación del frío/ los años/ no me convencieron / de que vivir/ no era nada más   / que un episodio mal calculado del absurdo.” Una realidad ante la que el yo poético protesta y esa vez con unos versos de la existencia herida, como estos que dicen, en primera persona,  “TODOS mis suicidios/ cotidianos/ me dejaron heridas mal curadas.

               Terminará esta segunda parte con dos poemas que preguntan y afirman este hecho de la existencia-herida así, dice el poeta, “QUÉ buscar/entre estas desahuciadas ruinas…” o “He perdido la brújula/ de tus ojos. /   Ahora no sé/   en qué lágrimas habito.”


               Al final, de una lectura atenta de este poemario de Antonio Pacheco, es posible que se tenga la sensación de haber recorrido muchos paisajes, muchos espacios de la emoción, donde la búsqueda de lo auténtico nunca termina en el vacío sino en una nueva pregunta o, mejor, en una duda,  como los citados versos que dicen no saber en qué dolor se habita. En estas situaciones, el poeta ha dejado claro “que ha perdido la austeridad de las mentiras…/ y la caridad/    que abraza a los humildes.” Y que además, sigue sin saber a dónde va…/”sonámbulo de las horas/   Viajero de ida / y de penumbras”. Pregunto, ¿habrá un segundo poemario en la que la ficción poética resuelva las cuestiones que éste ha dejado abiertas? ¿O sencillamente la intención es la de enfrentar al lector con la espiral de los duros existenciales?

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